Buceando con las Mantas Diablo en el bajo de San Ambrosio, Isla de Santa Maria, Azores

GoPro HERO3+ Black Edition (2.77mm, f/2.8, 1/130 sec, ISO100)
Mantas Diablo en el bajo de San Ambrosio, Azores

Grupos de más de 30 rayas volando por el océano, Tiburones Ballena de más de 8 metros que pasean pegados a la superficie. Convivir un rato con estos nómadas del océano era el sueño por cumplir de este verano. Hace unos diez años, la foto de una Manta gigante de Carlos Virgili expuesta en un videosub de La Palma, me hizo decidir que tenía que ver esos bichos alguna vez en la vida. La isla de Santa María en Azores era la mejor opción para el primer intento. El bajo de San Ambrosio en los meses de verano, tiene grupos de mantas diablo que aprovechan las fuertes corrientes de la zona para alimentarse. A diferencia de la inmersión en Princesa Alice que necesita varias horas en lancha para llegar al punto de inmersión, San Ambrosio está a escasos 30 minutos desde el puerto de Vila do Porto. Las inmersiones están reguladas y solo puede haber 10 buceadores a la vez, de forma que las horas de entrada en el agua están asignadas desde por la mañana. Así se evitan las masificaciones y molestar demasiado a los animales en su habitat. Cuando llegamos había todavía un barco, así que nos tuvimos que esperar un poco para coger las botellas. El capitán nos dijo que no siempre pasaba, pero que se podían ver atunes y las Mantas, ya que muchas veces van cerca de la superficie, así que con un poco de suerte el propio snorkel mientras esperábamos nuestro turno podía ser una pasada. Después de 15 minutos en el agua agarrado al cabo para no perderme con la corriente, agitado por las olas y sin ver nada más que el azul con un mareo importante, me empezaban a entrar serias dudas de que eso fuera una buena idea. Pero de repente una de las compañeras empezó a gritar, a unos 30 metros del cabo, se había separado un poco. Sin pensarlo fui para allá y encontré unos cuantos atunes, bastante grandes. Me pareció muy chulo, pero no para ponerse a gritar así… Cuando me daba la vuelta para volver al barco vi la razón de sus gritos, apareció un grupo de mantas nadando por el azul, a unos 5 metros de profundidad, al principio eran unas 5 o 6, pero según se acercaron llegamos a contar más de 30 que nadaban contra corriente, subiendo, bajando y haciendo piruetas con la boca abierta para comer el plancton en suspensión. El momento fue mágico, pude sumergirme varias veces con ellas, limitado por la capacidad de mis pulmones que iba disminuyendo según nadaba contra corriente. Estuvimos así unos 7 minutos hasta que nos dejaron atrás. Poco después cogimos nuestras botellas y bajamos agarrados al cabo, esperando a que aquel momento se repitiera. En los 50 minutos que estuvimos debajo del agua volvieron a pasar dos veces más, dos momentos en los que nos metimos entre ellas y aleteamos contracorriente mezclándonos, y sintiéndonos por unos momentos, por qué no, unos nómadas del océano.

Las imágenes las tomé con una Go Pro. Al principio me sentí un poco frustado, porque la calidad es limitada y los encuadres no son tan precisos como me gustaría. Pero después de pensar un rato me di cuenta de que no se si hubiera podido nadar igual con la réflex en una carcasa, quizá incuso hubiera tenido problemas para volver al cabo cuando me separé, a veces hasta 30 metros perdido entre las mantas en el azul. La conclusión es que como dice Chase Harvis, la mejor cámara es la que está siempre contigo, muchas veces, incluso el propio móvil.