Lo que más me impresionó de la reserva del Ngorongoro fue la integración de los Maasai con la vida salvaje de la zona. Cómo pasean con simples palos por parajes habitados con grandes depredadores o simplemente herbívoros gigantes que hacen que los occidentales de hoy en día no nos atrevamos a salir de la protección de un coche. Ellos están habituados a su compañía y conviven con este peligro constante, tanto es así que las hienas acaban con la vida de muchos niños y bebés en la zona. Simplemente pasando con el coche por allí ves muchas veces los rebaños de vacas gobernados por simples niños que las dirigen sin ninguna dificultad. Los chicos que muestro en la foto son unos jóvenes guerreros que acaban de pasar su entrenamiento en el bosque. Después de dos meses viviendo en la naturaleza han aprendido diferentes técnicas para llevar el ganado, defenderse del ataque de otras tribus o de los animales, tienen conocimientos de medicina con las plantas locales y han aprendido cómo comportarse en la sociedad. Ahora están preparados para la vida adulta, para tener mujer y llevar su hogar. Los jóvenes lucirán estas pinturas en sus caras durante uno o dos meses, han aprobado el examen. Después llevarán su manto rojo de guerreros. Han pasado una dura prueba digna de la era de los espartanos y no les espera una vida fácil.

 

fotografia retrato de un joven guerrero Maasai en la reserva del parque nacional del ngorongoro en el norte de tanzania

NIKON D4 (112mm, f/4.5, 1/5000 sec, ISO1250)
Jóvenes guerreros Maasai en la reserva del Ngorongoro