Esta mañana me levanto con una idea en la cabeza, por fin vamos a pisar el continente Antártico!! Aunque estrictamente resulta que la península Antártica no es tal península, sino que es una isla separada del continente pero la capa de hielo perpetua, hace que desde satélite parezca estar unida.

En Hope Bay, está la base Argentina Esperanza, allí nos recibe el simpático Capitán Yakamoto, el segundo al mando, nos enseña la base y nos cuenta sus curiosidades. Este año han estado viviendo allí unas 70 personas, en un régimen militar aunque sin armas, están prohibidas en la Antártida, los Argentinos quieren recalcar su presencia en el continente. Hay cuatro científicos que estudian diferentes aspectos de la isla. “El Chucho”, un  biólogo argentino sonriente, nos cuenta cómo hace la monitorización de pingüinos, mientras se está tomando un mate con su compañero que se encarga de registrar la actividad sísmica. El cabo primero Roses nos cuenta su proyecto con energías renovables, aunque nos tendrá que mandar más detalles. Quizá el más interesante fue el meteorólogo, que tenía que coger la avioneta para lanzar globos sonda desde los glaciares cercanos. Me parece que subirse en esa avioneta y sobrevolar la zona es el planazo perfecto para una temporada por allí. Todavía tengo la cabeza en las nubes de este piloto, cuando el Capitán nos va contando ciertas anécdotas, por ejemplo, que la gente va a casarse a una pequeña capilla que hay en la base, o que los argentinos pueden enviar sus cenizas a un pequeño cementerio que hay junto a la emisora de radio, resulta que tienen la emisora local más septentrional del mundo. Guardan las provisiones en unos tanques aislados térmicamente, resulta que hace más frío fuera que dentro de la nevera. Yakamoto nos cuenta que su mujer es la profe de los peques en la pequeña escuela, hay 10 niños viviendo allí este año, y se ha habilitado una pequeña escuela donde las familias de los militares hacen las veces de profes, aunque los más mayores estudian por internet en la sala de informática. Los niños han estado encantados este año, no se ponen malos, porque aquí no hay ni bacterias, y han podido salir a dar unos pateos por la zona, incluso escalar en hielo en un glaciar cercano. Tienen un campo de futbol de césped artificial para quemar sus energías, aunque viendo cómo está todo de nieve a estas alturas del año no se si le habrán sacado mucho partido. En cualquier caso ya les queda poco tiempo en la base, estos días están empaquetando todo porque en dos días vendrán a darles el relevo. Ya están preparando la placa con sus nombres como habitantes de la isla en la temporada del 2012. Al irnos, la colonia de pingüinos Adelaida nos despide. Están saltando al mar desde un acantilado de nieve a 3 metros de altura, tardan en decidirse, pero poco a poco se van animando, yo no se si me tiraría desde ahí si fuera pingüino.

Base Esperanza, Hope Bay

Canon EOS-1Ds Mark III (16mm, f/7.1, 1/160 sec, ISO100)
Base Esperanza, Hope Bay

A las cinco de la tarde estamos desembarcando en Brown Bluff y es tiempo de estirar las piernas. Podemos patear unas dos horas por el glaciar y ganar un poco de altura, desde 200 metros aproximadamente tenemos vista de toda la bahía y las islas cercanas con los picos escarpados llenos de nieve.

Brown Bluff

Canon EOS-1Ds Mark III (180mm, f/4.5, 1/1600 sec, ISO100)
Brown Bluff

De vuelta en el Fram ha llegado la hora de la verdad, veremos si podemos recorrer un estrecho canal lleno de icebergs tabulares. En el viaje anterior un iceberg gigante tapaba la entrada y no pudieron pasar, en esta zona el tamaño de los icebergs se mide en kilómetros y son planos. Antes de llegar al canal una placa de hielo nos corta el paso, no podremos llegar a la isla de Paulet, llena de pingüinos pero tenemos una sorpresa en el hielo. Un pingüino Emperador está de aventuras, yo diría que bastante perdido, por la zona y es la atracción del momento. Nos acercamos con el barco todo lo que podemos para verlo más de cerca y todo el mundo se agolpa en la proa, resulta que esta especie es el pájaro más caro de ver en el mundo, para llegar a una colonia tienes que coger un rompehielos y luego una avioneta, viven en lugares extremadamente remotos y para acceder hay que desembolsar unos 20.000 €. Yo no contaba con verlos, la verdad, pero un golpe de suerte nos pone uno en nuestro camino. Son los más grandes, miden unos 120 cm y pueden pesar hasta 40 Kg. Nos quedamos un rato observando al ser solitario, tiene detrás un iceberg tubular enorme y hemos empujado un poco las placas de hielo, así que el panorama que tenemos en frente nuestro es el de un mundo de hielo sin fin. Ya es tarde, toca descansar con esta imagen en la cabeza, aunque el sol no se pone en estas latitudes.

Iceberg Tabular, Antártida

Canon EOS-1Ds Mark III (27mm, f/8, 1/250 sec, ISO200)
Iceberg Tabular, Antártida