Hoy es uno de estos días de numeración mágica, y nos preguntamos que nos deparará hoy el fin del mundo. La primera bajada es después de comer en Astrolabe Island. Estamos un poco más abajo del paralelo 63 Sur y pegados a la península Antártica, aunque en breve volveremos a salir al archipiélago de las Shetland del Sur para visitar la Isla Decepción. Este es un desembarco al que le tengo muchas ganas, porque María, la representante de Hurtigrutten en España, nos ha puesto los dientes largos con este punto en concreto. En Astrolabe lo que más me llama la atención es una playa de cantos rodados oscuros en la que hay unos cuantos icebergs varados. Es uno de estos sitios que transmiten paz y te hacen sentarte un rato a mirar el paisaje y disfrutar del momento. Solo oler el hielo, escuchar a los pingüinos y las pequeñas olas rompiendo en las piedras. Un momento para pensar en lo pequeños que somos. De vuelta al barco damos un pequeño rodeo por los icebergs de la zona con las zodiacs árticas. Hay algunos bastante grandes a la deriva y disfrutamos con sus formas y los reflejos en el mar antes de volver a subir al barco rumbo a la tierra prometida.

Astrolabe Island

Canon EOS-1Ds Mark III (16mm, f/7.1, 1/1600 sec, ISO200)
Astrolabe Island

Después de unas 3 horas de navegación por fin se ve la entrada al cráter de la Isla Decepción. Esta isla es un antiguo volcán, aún activo en algunos puntos, que se ha hundido y el cráter está inundado por el mar, a modo de atolón, solo que aquí las paredes del atolón pueden pasar los 400 metros de altura. Antiguamente era una base ballenera, hoy desmantelada, pero quedan los restos de una casa, barcas, hornos, contenedores… restos de otra época que ahora parecen incluso extraterrestres. Antes de poder inspeccionar la base, nos espera un treking para ver una colonia de unas 50.000 parejas de pingüinos que viven en el exterior del atolón, pero antes habrá que pasar el collado nevado que nos lleva hasta allí. Subimos unos 300 metros por tierra y nieve antes de ver el otro lado. Desde aquí miro hacia atrás y veo la panorámica de todo el cráter con el Fram fondeado en la bahía y un velero a nuestro lado. Viendo la inmensidad de este lugar no me extraña que tantos otros hayan perecido en la expediciones pasadas. Sin ir más lejos, en la isla de Livingston, con inmensas montañas que tiran sus glaciares al mar, se estrellaron los descubridores de la Antártida. Resulta que una tormenta arrastró al San Telmo hasta los límites del continente, y lo estrelló contra la costa. Así descubrieron los españoles las tierras antárticas en el año 1819 aunque no sobrevivió ninguno de los 644 tripulantes para contarlo, murieron congelados. Cuando llegamos a la colonia de barbijos descubrimos una pedazo de tierra sin nieve, y el color verdusco de unas pocas de las 17 especies de musgos y líquenes resaltan sus formas y el color blanco y negro enmarcándolo. Aquí conozco al rey del mundo de los pingüinos, que grita a sus congéneres desde una posición de altura como instándolos a una revolución.

Pingüino, Antártida, BArbijo, colonia

Canon EOS-1Ds Mark III (250mm, f/5.6, 1/640 sec, ISO200)
Pingüino Barbijo. Isla Decepción

Disfrutamos un rato más de nuestros simpáticos amiguitos antes de volver. A la vuelta me adelanto con Marsel Van Oosten, el fotógrafo del barco en este viaje. Queremos llegar antes que el grupo para hacer unas panorámicas del cráter con la luz dorada del atardecer y dar una vuelta por los restos de la base abandonada. Me escapo a ver la base solo, no tengo mucho tiempo porque en breve me estarán esperando, pero quiero disfrutar de este momento solo, perdido en el fin del mundo viendo los restos de una base destinada al olvido. Parece que la naturaleza se toma la revancha con unas instalaciones que otrora estuvieron dedicadas al exterminio de los habitantes más grandes de nuestro planeta y huéspedes habituales de estas tierras. Disfruto viendo cómo, a veces, la naturaleza gana la partida.

Isla Decepción

Canon EOS-1Ds Mark III (22mm, f/8, 1/200 sec, ISO200)
Isla Decepción